miércoles, 15 de junio de 2016

Historias, mitos, leyendas y ciencia sobre el Hombre.


La Biblia dice: 17 Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Henoc. Estaba construyendo una ciudad, y la llamó Henoc, como el nombre de su hijo.

La llegada de los Anunnaki (que significa aquellos que vinieron del cielo a la Tierra) que provenían de un planeta llamado Nibiru cuya órbita elíptica lo acerca a nuestra zona cada 3.600 años, fue antes del diluvio. Ellos manipularon genéticamente al hombre y lo dejaron tal como lo conocemos actualmente, y dicen que los anunnaki y los "reptilianos" son los mismos, que lo escrito en la biblia es una referencia a ellos, debido a que la biblia recogió tradiciones escritas más antiguas, y las escrituras más antiguas que hoy cuenta la humanidad son las de sumeria, donde narran la presencia de los anunnaki antes del diluvio y cómo éstos salvaron a los humanos que se crearon de este cataclismo.
 
 
Cada vez se oye con mayor frecuencia que el hombre no es producto de la evolución tal como lo conceptuó Charles Darwin, sino que vino de las estrellas o es hijo de visitantes de la tierra. Estas tesis que bien podrían ser ciertas, o simplemente un tema motivador que nos permite especular sobre una serie de teorías, tienen evidencias que apoyan lo que afirman y como es natural, dejan entredichos especialmente en relación con la historia tradicional y las religiones. (MAESTRO MASON HERBERT ORE BELSUZARRI).
 
 
Charles Robert Darwin supo desde el principio que su Teoría de la Evolución iba a caer como una irreverente bomba sobre los dogmas establecidos de la fe cristiana. No es de extrañar, por lo tanto, que se pasara más de dos décadas dándole vueltas a lo que el filósofo Daniel Dennett bautizó como su «peligrosa idea», hasta que finalmente se atrevió a publicar 'El Origen de las Especies'.
 
Poco antes de que esta osada obra viera la luz, en una carta que escribió a su amigo Joseph Hooker, Darwin confesó que se sentía «como un hombre a punto de confesar un crimen». No era para menos. En la Inglaterra victoriana del siglo XIX, la idea de que todas las especies vivas —incluyendo el ser humano— no habían sido engendradas de un día para otro por la mano de Dios, sino que habían evolucionado durante millones de años mediante un proceso de selección natural, suponía una insolente blasfemia.
El creciente escepticismo del naturalista frente a la religión se convirtió en una dolorosa fuente de tensión con su devota esposa Emma, sobre todo desde que en 1849 dejó de ir a misa los domingos, y decidió dedicar el rato que su familia pasaba en la iglesia a pasear por el campo para seguir reflexionando sobre sus ideas. Dos años después, la muerte de su adorada hija Annie, como consecuencia de una tuberculosis que acabó con su vida a los 10 años, fue la puntilla que le hizo perder definitivamente la fe. Para Darwin, la crueldad y el sufrimiento de un mundo donde él había comprobado cómo algunas avispas se alimentaban de los cuerpos vivos de los gusanos en la dura lucha por la supervivencia, o donde morían niños inocentes como su queridísima Annie, no parecían compatibles con la existencia de un Dios omnipotente que se preocupara por sus criaturas. Sin embargo, a pesar de todo, Darwin nunca quiso definirse públicamente como ateo, y dejó escrito que «el agnosticismo es una descripción más correcta de mi postura».
 
Como era de esperar, la publicación de 'El Origen de las Especies' en 1859 desató un escándalo descomunal en la sociedad británica, y Darwin tuvo que sufrir la humillación de ver su inconfundible rostro barbudo caricaturizado sobre el cuerpo de un mono. Al mismo tiempo, las autoridades eclesiásticas de la Iglesia Anglicana denunciaron que la Teoría de la Evolución constituía la visión más degradante del ser humano jamás concebida, y alguno incluso llegó a compararle con la serpiente del Jardín del Edén, por intentar pervertir a la sociedad británica con sus «ideas perversas».
A Darwin toda esta polémica no debió sorprenderle demasiado, ya que conocía de primera mano, dentro de su propio hogar, los conflictos religiosos que podían provocar sus teorías. Lo que sin duda le hubiera chocado mucho más es descubrir que 150 años después, las llamas de esta controversia todavía no se han apagado en el mundo del siglo XXI.
 
Fuente: Darwin vs Dios. Pablo Jáuregui.

 


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