El baile
de los perfumes
En 1805, cuando estaba en París y aún carecía de
una idea fija acerca de su destino, Bolívar extrajo la pasión por el baile. En
Europa, el vals con sus románticos compases convidaba a los jóvenes elegantes y
enamorados, y Bolívar fue, desde el primer momento, uno de sus más constantes
cultivadores y practicantes.
Bailó muchísimo y experimentaba la máxima felicidad
cuando tenía una dama entre sus brazos. En tiempo de sus campañas, cuando su
cuartel general se hallaba en una ciudad, villa o pueblo, se hacían bailes casi
todas las noches y su gusto era terminar un vals e ir a dictar algunas órdenes,
volver a bailar y después a trabajar.
Consideraba que después de haber bailado, sus ideas
eran más claras y su estilo más elocuente. “Incansablemente valseador, es
capaz de estar bailando muchas horas sin parar, sobre todo si hay una mujer que
le agrade y le resista; si ésta abandona el partido, toma otra; aun en plena
guerra no perderá esta costumbre”, dice uno de sus biógrafos. Era tal su
afición por la danza.
La pasión por el baile sólo la fue abandonando
Bolívar dos años antes de su muerte, envejecido prematuramente y decepcionado.
Pero aunque en mayo de 1830 salió muy enfermo de Bogotá con destino a Santa
Marta, en el puerto de Honda, por la noche, no obstante su fatiga y debilidad,
asistió a un baile que los principales le habían preparado como afectuoso
homenaje.
En Perú, Bolívar vivió como un verdadero sibarita.
Según cuenta don Ricardo Palma, muchas veces los militares de la generación que
consiguió la independencia peruana decían, cuando se proponían exagerar el
gasto que una persona hiciera en el consumo de determinado artículo de no
imperiosa necesidad: “Hombre, usted gasta en cigarros, por ejemplo, más
que el Libertador en agua de Colonia”.
Efectivamente, en los cuatro años que permaneció
Bolívar en Perú tuvo el Tesoro Nacional que pagar ocho mil pesos, invertidos en
agua de Colonia para el uso del Libertador.
Ni
estéril ni impotente
Pero como dicen en Boyacá, ahora sí “hagámosle a lo
que vinimos”. Ciertamente, el gran héroe tuvo hijos con diferentes
mujeres de distintos países. Dos militares de la época de la Independencia
dejaron escrito que el Libertador sostuvo relaciones íntimas con diecisiete
mujeres. El general Carmelo Fernández, pariente de José Antonio Páez. Aseguraba
que en La Chagua hubo una hija de Bolívar, pero no dijo quién era la madre.
En Bucaramanga, el Libertador le dijo a Perú de
Lacroix, quien fue su amigo íntimo: “No se crea que soy estéril e infecundo,
pues tengo pruebas de lo contrario”.

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