En 1822 vivía en Potosí una hermosa mujer de veinte
años, llamada María Joaquina Costas, distinguida y amable. En esos días llegó
Bolívar a la ciudad y entre la suntuosidad del recibimiento y las festividades
del ascenso al cerro Potosí, pudo la atractiva joven en el momento de colocar
sobre las sienes una corona de oro decirle al oído estas palabras: “Cuidado…
quieren asesinarlo”.
Efectivamente, el oficial español León de
Gandarias, pariente de María Joaquina, pretendía atacar a mano armada al
Libertador. Bolívar no sólo quedó agradecido con la hermosa joven, sino que se
enamoró de ella.
En voz baja le dijo: “Quisiera volverte a ver”.
María Joaquina respondió: “Yo, también, señor; necesito volveros a ver y
ha de ser esta misma noche”.
Llegó la hora y Bolívar abandonó su alojamiento con
el sigilo que era menester, fue a visitar a María Joaquina, y gracias a la
invitación amorosa de la gentil muchacha, el Libertador se salvó de la muerte.
Meses después, María Joaquina dio a luz a un niño a
quien bautizaron José, que con el correr de los años vino a ser alumno aventajado
del Colegio Pichincha. En cualquier reunión familiar, José Costas cautivaba a
la concurrencia con su guitarra y su voz. Era uno de los jóvenes más elegantes
de su tiempo y ejemplo de la muchachada culta. María Joaquina vivía en Potosí
en casa modesta pero decorosa. Se dedicaba principalmente a fabricar disfraces
para las fiestas religiosas.
En 1855 dirigió un colegio de niñas internas
denominado Santa Rosa. Cuando Bolívar supo en Perú el nacimiento de su hijo,
quiso conocerlo y comisionó al general José Miguel de Velasco para que
condujera hasta la Quinta de la Magdalena, cerca de Lima, a María Joaquina y a
José. El encargo se cumplió con todo secreto para que no se enterara el esposo
de la dama de Potosí, que entonces estaba en el ejército de Chile. Pero
algo debió saber o sospechar el marido ausente, pues abandonó definitivamente a
su mujer.
A la muerte de su madre, José se dedicó a los
trabajos campestres en el pueblo de Caiza, en donde contrajo matrimonio con
Pastora Argandoña. Murió él en ese lugar en 1895.
Héctor
Muñoz/ Historiador

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