lunes, 11 de julio de 2016

5. El Libertador Simón Bolívar



En 1822 vivía en Potosí una hermosa mujer de veinte años, llamada María Joaquina Costas, distinguida y amable. En esos días llegó Bolívar a la ciudad y entre la suntuosidad del recibimiento y las festividades del ascenso al cerro Potosí, pudo la atractiva joven en el momento de colocar sobre las sienes una corona de oro decirle al oído estas palabras: “Cuidado… quieren asesinarlo”.

Efectivamente, el oficial español León de Gandarias, pariente de María Joaquina, pretendía atacar a mano armada al Libertador. Bolívar no sólo quedó agradecido con la hermosa joven, sino que se enamoró de ella.

En voz baja le dijo: “Quisiera volverte a ver”. María Joaquina respondió: “Yo, también, señor; necesito volveros a ver y ha de ser esta misma noche”.

Llegó la hora y Bolívar abandonó su alojamiento con el sigilo que era menester, fue a visitar a María Joaquina, y gracias a la invitación amorosa de la gentil muchacha, el Libertador se salvó de la muerte.

Meses después, María Joaquina dio a luz a un niño a quien bautizaron José, que con el correr de los años vino a ser alumno aventajado del Colegio Pichincha. En cualquier reunión familiar, José Costas cautivaba a la concurrencia con su guitarra y su voz. Era uno de los jóvenes más elegantes de su tiempo y ejemplo de la muchachada culta. María Joaquina vivía en Potosí en casa modesta pero decorosa. Se dedicaba principalmente a fabricar disfraces para las fiestas religiosas.
En 1855 dirigió un colegio de niñas internas denominado Santa Rosa. Cuando Bolívar supo en Perú el nacimiento de su hijo, quiso conocerlo y comisionó al general José Miguel de Velasco para que condujera hasta la Quinta de la Magdalena, cerca de Lima, a María Joaquina y a José. El encargo se cumplió con todo secreto para que no se enterara el esposo de la dama de Potosí, que entonces estaba en el ejército de Chile.  Pero algo debió saber o sospechar el marido ausente, pues abandonó definitivamente a su mujer.
A la muerte de su madre, José se dedicó a los trabajos campestres en el pueblo de Caiza, en donde contrajo matrimonio con Pastora Argandoña. Murió él en ese lugar en 1895.
Héctor Muñoz/ Historiador
 
 

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